Es uno de las primeras grutas naturales conocidas en España, donde se funden el agua del río Tíscar y la roca del Monte del Caballo. Las dos sierras se abrazan para dejar bajo sus entrañas el agua que se pierde caprichosamente entre saltos, pilones, cascadas y fuentes, para seguir su curso zigzagueante río abajo hasta formar el idílico Pilón Azul camino a la Aldea de Belerda.

 

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La Atalaya del Infante Don Enrique es un vestigio histórico de gran relevancia junto al Castillo de Tíscar. Su función era la de vigilar el movimiento de tropas en el camino del reino nazarí de Granada en la época de la Reconquista. Es una construcción cristiana que se levanta sobre una altitud de 1.183 metros sobre el nivel del mar; mandada construir hacia el siglo XIII por el infante Don Enrique, hijo de Fernando III el Santo y hermano de Alfonso X el sabio. Es de sección circular, construida con aparejo de mampostería regular y sillarejo, pudiendo acceder a su interior a través de un hueco situado a 3.50 metros del suelo, hoy día accesible gracias a una escalerilla metálica. Sobre la entrada dos escudos, uno de ellos ilegible y el otro perteneciente al Infante D. Enrique.

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La construcción actual del Santuario de Tíscar data de mediados del siglo XX, pero todavía conserva elementos arquitectónicos de otras épocas como la gran puerta de entrada con arco apuntado, las jambas ornamentadas o los restos del alicatado granadino en la sacristía datados del siglo XIV. Originalmente debió ser un pequeño recinto, levantado tras la reconquista cristiana, destinado a recibir romeros en acción de gracias.

Este Santuario es, sin duda, una perfecta adaptación entre hombre y naturaleza, enclavado entre Peña Negra el Cerro del Caballo cierra el paso natural entre ambas montañas, hoy abierto por dos túneles.

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Declarado Bien de Interés Cultural conforme al decreto de 22 de abril de 1949. Se trata de un recinto de reducidas dimensiones con una pequeña torre del homenaje situada en su extremo oriental. Se construyó en tapial basto con partes de mampostería regular, apoyándose los paños de muralla sobre la misma roca para cerrar los pasos libres entre ella. En el centro se alza un gran roquedal, llamado Peña Negra, que posiblemente tuvo función de alcazarejo del castillo.    

                         

  Se atribuye la estructura a época andalusí, aunque los estudiosos consideran que la torre data de la primera mitad del Siglo XIV, es decir, muy poco después de la conquista castellana. En época musulmana hay un gran número de referencias a esta fortaleza, de autores como Al-Razi o Al-Idrisi, que destacaban su inexpugnabilidad. Durante casi un siglo fue avanzadilla del Reino Nazarí en el Adelantamiento de Cazorla, y de él partieron las incursiones sobre Quesada. En 1319, es conquistado por el Infante Pedro de Castillo y de Molina, hijo de Sancho IV el Bravo y hermano de Fernando IV el Emplazado y en 1335, el rey Alfonso XI concede el castillo, junto con una renta, al concejo de Úbeda.  

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La importancia del conjunto rupestre de la Sierra de Quesada, en cuanto a la variedad de estilos, representaciones presentes y cantidad de yacimientos descubiertos hasta la fecha, hizo posible que en el año 1998 entrara a formar parte del catálogo de la UNESCO como Patrimonio Mundial De La Humanidad junto al resto de manifestaciones pictóricas levantinas del arco mediterráneo.

Los primeros descubrimientos se efectuaron entre 1983 y 1985 con la Cueva de la Hiedra, Cueva del Encajero, Abrigo del Cerro de Vítar y Cueva Cabrera, todas ellas con figuras esquemáticas, salvo la Cueva del Encajero que presentaba una figura de grandes dimensiones (cérvido acéfalo) encuadrado en el estilo levantino.

 

    ABRIGO DEL CERRO DE VITAR


                                        

 

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