Puerto de Tiscar


El Puerto de Tíscar no sólo es el escollo montañoso que hay que salvar para ir al Santuario de Nuestra Señora de Tíscar, Es un paraje agreste, con unas vistas espectaculares, donde es fácil avistar a la cabra montés, un rincón cargado de historia y naturaleza. Dejando el vehículo en las zonas habilitadas de aparcamiento en el mismo puerto, dando un pequeño paseo llegamos a un torre vigía medieval, la Atalaya del Infante Don Enrique (s. XIV), un excelente mirador, con unas vistas a las que por nada en el mundo debemos renunciar si nos encontramos allí.

 

 
Desde la torre vigía podremos contemplar unas panorámicas que nos van a ayudar a conocer mejor el entorno. Mirando hacia el sur un gran barranco, que recibe el mismo nombre que el puerto y comunica el collado con el Valle del Guadiana Menor. El barranco se estrecha al final en un pórtico rocoso, que sirvió para que los árabes construyeran el fortín del Castillo de Peña Negra. Una vez expulsados los musulmanes, los nuevos ocupantes levantaron el Santuario de Tíscar sobre las murallas de la fortaleza. Mirando a poniente, al frente se levanta la Peña de las Carboneras, coqueta unidad orográfica del macizo montañoso de la Sierra de Quesada.

Al norte nuestra vista se pierde en el mar de olivos de la campiña jiennense, que como olas en un temporal, se adentra agresivo en las faldas de la sierra de Cazorla, cuya alineación se ve clara a la derecha del olivar. Al mirar hacia oriente, nuestra vista se para, inevitablemente, en el Picón del Rayal (1.834 m de altitud), primera elevación importante de la Sierra de Quesada desde el sur e impresionante mole caliza que presenta un cortado vertical en su cara norte. El topónimo Rayal era sinónimo de frontera en la Edad Media y el torreón en el que nos hallamos nos recuerda que este espacio fue frontera con el Reino Nazarí de Granada durante casi tres siglos.